Entrevista a Anselmo Navarro
¿Cuál es el balance que hace el director del festival sobre el FNA 2011?
Nos encontramos hoy haciendo un balance, después de estar tanto tiempo imaginando cómo sería… llegamos al final del camino y ya sabemos cómo fue.
El camino ha sido duro lleno de escollos. Fue un trabajo que se realizó en dos procesos, el de preproducción en el 2010, una etapa llena de misterios y esperanza, abriendo surco en las dos comunidades y el de producción de campo durante enero, febrero y la mitad de marzo.
La segunda etapa contiene el trabajo de todo el equipo, de compañeras y compañeros productores. Fue una etapa dura de muchos viajes de mucha planificación de campo, de muchas visitas, pero también de mucha pasión y la pasión a veces también tiene componentes como ruido, como desencuentros, como equivocaciones.
Así que construir un festival, en el día a día ha sido un reto muy interesante, los productores, los artistas, la gente de campo, la gente administrativa, los chóferes, los compañeros de limpieza, los de seguridad, los compañeros de prensa, los de las fotos, el público para quien finalmente hacemos todo esto, componen el gran festival que se desarrolla después en diez efímeros días como ventarrón que revuelve el pelo de la gente y se va dejando atrás un recuerdo.
Uno de los ejes estratégicos del Misterio de Cultura y Juventud y el Teatro Nacional es el de fomentar la democracia cultural y participativa, generar espacios de encuentro no solo en las grandes ciudades, no solo en las zonas urbanas, sino también en el mundo rural.
Nos sentimos satisfechos porque hemos hecho una gran red trabajo alrededor de todo Turrialba y Siquirres, en muchos caseríos, barriadas y pueblos. Con el Festival Viajero logramos traer a muchos niños y niñas, escolares y colegiales a las dos sedes.
Finalmente creo que es un proyecto que es ejemplar a nivel centroamericano, es un proyecto que apuesta seriamente para alcanzar las emociones estéticas y creativas de la cultura costarricense y esto en Turrialba y Siquirres se logro.
¿Qué les dejó el Festival a las comunidades de Turrialba y Siquirres?
Un gran recuerdo y también un gran reto. Ahora las dos comunidades saben que es posible convivir con una fuerte presencia de los ejes culturales. Vimos teatros llenos, publico ansioso por ver cine costarricense. Familias enteras paseando retomando lo espacios públicos, espacios que habían estado perdidos, que se habían dejado perder.
Tuvimos alrededor de 4000 visitantes en Turrialba, en las galerías de artes plásticas, firmados en los libros de visitas. Cerca de doscientos sesenta mil espectadores alrededor de las dos sedes.
Pero no solo logramos que la gente se contactara con la diversidad estética y artística, sino que también se construyo en conjunto, con las dificultades, con las diferencias, con las adversidades, con las coincidencias, con las alegrías, con las trasnochadas, con los sustos, sin dinero con dinero.
En realidad el festival es mucho más que diez días de hechos estéticos en escenarios, en realidad es un sentimiento que se queda. Como el buen amor que se queda en el corazón aunque se vaya, después de que se tenga que ir, se queda para siempre y transforma a las personas.
Sabemos que Turrialba y Siquirres ya iniciaron su nuevo camino, porque no es que no lo tuvieron, de hecho por eso fueron elegidas como sedes, ambas tiene muchos valores y mucha riqueza cultural. A partir de ahora están iniciando un nuevo camino para gestionar, activar, movilizar y compenetrar sus riquezas culturales, naturales, comerciales y políticas. Es un proyecto que apuesta seriamente para alcanzar las emociones estéticas y creativas de la cultura costarricense, fortalecerlas, diversificarlas y democratizar el aparato de inversión cultural hacia el estado y la nación costarricense en su conjunto.




























































































































































